Muchas personas entran en tu vida, y de la misma forma se van.
Nunca he creído en relaciones de cuento de hadas, tampoco hace falta pedir tanto. Como suelen decir, puede que aún esté esperando a mi príncipe azul, aquella persona que aparezca en mi vida por casualidad, con la cual comparta mis aficiones, pueda hablar con el, discutir por tonterias y después darnos un tierno beso, que adore mis manías y al que no le importe hablar largo y tendido durante horas, que me sepa escuchar, con el que hacer peleas de almohadas, pasear por la calle sin que le importe nada, que me entienda, eso que me entienda, y que no me quiera solo para un rato, para pasarlo bien, que me valore como persona y me quiera como yo a el.
Con toda esta gran enumeración estoy describiendo a mi chico ideal, aquel que solamente existe en mi cabeza, que aún no ha llegado y dudo que llegue.
Es una paradoja, que todo aquel que considero un candidato aceptable para compartir tardes de risas y sentimientos, solamente me precie para pasar un rato agradable y después hacer como que no me conoce. Puede que sea fallo mio, es más lo es. Quizá es fallo mio al considerar apropiada a una persona que no se lo merece, a una persona que lo mismo me promete la luna y las estrellas, que me llama fulana. No. Esto tiene que cambiar y la responsable de este cambio solamente soy yo. Tengo que cambiar. Tiene que ser ahora. Tengo que conocer gente nueva, no hacerme ilusiones con el primero que me dice cosas bonitas, hacerme respetar, ver las cosas desde otro punto de vista, ser yo misma, tener las cosas claras y lo más importante, no esperar nada de nadie, que el que te quiete te busca y el que no te quiso nunca te buscó.
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